Los recursos naturales son ofrecidos a la humanidad como un don del cosmos. Prácticamente, no hicimos nada para tenerlos al alcance. La Tierra, en este sentido, es una especie de Paraíso que nos ofrece comida, resguardo y climas favorables para continuar nuestra experiencia vital.
Sin embargo, para hacer un uso efectivo de los recursos naturales es indispensable la actividad productiva. No tenemos árboles de electrodomésticos, ni ríos de miel y leche. La comodidad se ha conseguido con enormes esfuerzos intelectuales y materiales.
Este proceso altera la naturaleza, que pierde su estado virginal por la mano interesada de la humanidad. En este proceso, la alteración de los equilibrios naturales implica contaminación en diversos aspectos: ruido de máquinas, aire con partículas raras, agua con agentes químicos nocivos para la flora y la fauna.
Por lo que respecta al agua, tanto los hogares como la actividad productiva requieren de inmensas cantidades del líquido. Después de prestar sus beneficios, el agua sucia es devuelta, con muy poco tratamiento de restauración, a la misma corriente, pozo, laguna, río, cañada o costa marina. La contaminación del agua ha adquirido proporciones bíblicas en todo el mundo.
Uno de los aspectos más delicados es la disponibilidad de agua fresca para renovar los ciclos de consumo. En este sentido, los márgenes de maniobra se han reducido dramáticamente en las últimas décadas.
México es un país que encara estrés hídrico en amplias regiones de su vasta geografía. En realidad, tiene dos zonas geográficas claramente delimitadas, respecto de la dotación de agua. La zona norte, centro y noroeste tiene una baja disponibilidad de agua, en tanto que el sureste cuenta con casi siete veces más de volumen de agua. Sin embargo, cuatro quintas partes del PIB nacional se generan en las zonas con menos agua.
Esta característica nos obliga a considerar, con gran seriedad, el manejo responsable del vital líquido. El abastecimiento de agua para los centros urbanos representa casi el 15 % de la disponibilidad, una cifra muy elevada.
La situación se complica al revisar las cifras de consumo de agua en los hogares. México está en la cima de consumo de agua en el cuadro comparativo de América Latina y el Caribe. El consumo promedio diario de agua de un mexicano oscila entre 182 y 380 litros, de acuerdo con cifras de CONAGUA (CIDE) de 2012. Esta cifra es elevada para el promedio de América Latina y el Caribe, que se estima en 135 litros.
Tenemos que avanzar en la construcción de una conciencia del manejo responsable del agua. Esta es una tarea de gran complejidad que nos compete a todos, al gobierno y la sociedad, a las empresas y a las organizaciones civiles.
