Antecedentes históricos
El tratamiento de agua en México tiene raíces antiguas. Las civilizaciones prehispánicas, como los aztecas y mayas, desarrollaron sistemas hidráulicos avanzados para la captación y distribución del agua. Ejemplos notables son los acueductos de Chapultepec y los canales de Xochimilco, diseñados para abastecer a Tenochtitlán.
Durante el periodo colonial y el siglo XIX, la expansión urbana incrementó la presión sobre los recursos hídricos. Sin embargo, fue hasta mediados del siglo XX cuando México inició esfuerzos más sistemáticos para tratar aguas residuales. En 1948, se creó la Comisión Nacional de Irrigación (antecesora de la CONAGUA), lo que marcó un paso hacia una mejor gestión del agua.
Situación actual
En la actualidad, México enfrenta desafíos significativos en el tratamiento de agua debido al crecimiento poblacional, la urbanización y la contaminación de cuerpos hídricos. Según datos recientes:
- Capacidad de tratamiento: México cuenta con una red de plantas de tratamiento de aguas residuales, pero solo entre 65 – 72 % de las aguas residuales reciben algún nivel de tratamiento. Esto varía ampliamente entre regiones; mientras estados como Aguascalientes superan el 90%, en otros como Guerrero, la cobertura es mucho menor.
- Contaminación hídrica: La contaminación por desechos industriales, agrícolas y urbanos sigue siendo un problema crítico. Muchos ríos y lagos presentan niveles elevados de contaminantes como metales pesados y nutrientes que generan eutrofización. CONAGUA estima que 59% de las aguas están contaminadas.
- Infraestructura obsoleta: Muchas plantas de tratamiento operan con tecnologías anticuadas y muy onerosas o tienen problemas de mantenimiento, lo que limita su eficiencia.
- Normatividad: México ha implementado regulaciones como la Norma Oficial Mexicana NOM-001-SEMARNAT-2021, que establece límites más estrictos para la descarga de aguas residuales. Sin embargo, su cumplimiento enfrenta obstáculos financieros y técnicos. En general, se tiende a ignorar el cumplimiento de esta norma, tanto por industrias contaminantes como por las mismas plantas de tratamiento de aguas residuales con sostenimiento público.
- Innovación y participación: En los últimos años, ha habido esfuerzos por incorporar tecnologías como el tratamiento mediante membranas, biorreactores y humedales artificiales. También se fomenta la participación de comunidades en programas de saneamiento y reúso de agua tratada. No obstante, los resultados son poco alentadores.
En las condiciones actuales, es indispensable que gobierno, empresas, organizaciones de la sociedad civil y la ciudadanía emprendan iniciativas sustentables para encarar los retos que impone el manejo del agua. Continuar la inercia simplemente provocará la agudización de problemas hasta extremos que pongan en riesgo la biodiversidad y la salud humana en amplias franjas de nuestro territorio.
