El tratamiento de aguas servidas representa enormes desafíos que impulsan la innovación de los procesos y las tecnologías convencionales. La industria está comprometida a implantar actividades que representen un hito en la manera de abordar la grave problemática.
Entre los principales retos que enfrenta el sector, destacan:
- Variedad y toxicidad de los contaminantes. La complejidad de la economía moderna se expresa también en la gama de agregados químicos para toda clase de bienes y servicios. Por ejemplo, en la industria alimentaria se emplean herbicidas, fungicidas, pesticidas, colorantes y conservadores; en la siderurgia, aleaciones de alta gama, lavado y desengrasado de componentes, corte de piezas. Prácticamente, la totalidad de los procesos utiliza productos químicos solubles en agua, de modo que el resultado final es una mezcla densa y compleja de residuos que resulta muy difícil eliminar, al exigir tratamientos específicos que no pueden amalgamarse en una solución integral y accesible.
- Complejidad de agregados químicos. Algunos contaminantes, como los productos químicos orgánicos persistentes (POPs), son altamente tóxicos y persistentes en el medio ambiente. Su manejo exige tecnologías de vanguardia muy costosas como la adsorción por carbono y la oxidación avanzada.
- Diversidad de escalas de tratamiento. Algunas industrias, como la fabricación de papel y cartón, exigen soluciones de gran escala por el volumen de agua utilizada, en tanto que el manejo de aguas servidas de pequeñas comunidades requiere tecnologías de pequeñas dimensiones, pero de alta efectividad. Esta heterogeneidad hace muy difícil contar son una solución que responda a la diversidad de escalas de uso de agua.
- Industrias altamente contaminantes. La industria minera es el ejemplo clásico de complejidad y densidad de contaminantes. El agua servida de las minas afecta gravemente los cuerpos de agua superficiales y su infiltración, altera los veneros disponibles, amén de la competencia que representa con usos alternativos del agua para la producción de alimentos y los servicios domésticos.
- Costo del tratamiento de aguas servidas. El uso intensivo de energía eléctrica y de agentes químicos y biológicos agregados para tratar el agua servida, propio de los sistemas convencionales, hace muy oneroso el manejo de las aguas residuales, lo que induce malas prácticas en casi todos los procesos urbanos e industriales.
- Infraestructura y mantenimiento. Si la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales es cara, el mantenimiento es más oneroso, al representar un costo permanente durante la vida útil de una planta de aguas servidas. En México, las plantas municipales prácticamente están inactivas porque el costo operativo es inalcanzable para los bolsillos de la población.
- Cambio climático. Su expresión evidente es la alternancia de ciclos de sequía y lluvias torrenciales extremos, sin precedentes históricos. La disponibilidad de agua y su tratamiento se hacen más inciertos, lo que añade costos a las soluciones convencionales.
Una solución integral se antoja muy difícil de alcanzar, ya que se requiere la convergencia de políticas públicas idóneas, un marco jurídico claro y consensado con los actores institucionales, tecnologías disruptivas y amplio respaldo social para enfrentar las dificultades de sanear las aguas servidas. No obstante, posponer decisiones significativas sólo provocará que sea más caro e incierto resolver los aspectos más agudos de la contaminación del agua.
